lunes, abril 30, 2007
Nacido para tallar
¿Ladridos que rubriquen mis pasos a donde quiera que vaya?
¿Por qué esta necesidad de servidumbre humana?
Pareciera un efecto de la ingesta de proteína de carne blanca, de una buena comida. Su energía me ayudó a soltar el cansancio en un momento de hiperrelajación. Luego me enerva y me rebelo ante el calor seco del Bajío. Mi cuerpo demanda estar activo. Quiero olvidarme de las tribulaciones de mi mente, estropajo nacido para tallar.
El sopor alcohólico me hunde en la humedad de mi piel. MI cuerpo es el principal proveedor de humedad en esta sala, pero las plantas de las macetas pueden ayudarme si las riego.
Mejor hacerlo que decirlo una vez más. Contemplo el jardín que me acompañó en tantos días de inmovilidad. Ahora es un paisaje transitorio.
Recuerdo mi pasaje por la autopista. Muchos días viajando en el auto. Muchas horas de calor y también otras de tedio ante el tráfico. Disfruto de ese vértigo, me abandono al agobio de ciertas incertidumbres y luego regreso, me recupero a un punto neutro.
Mi cuerpo cambia como consecuencia de esa dieta irregula, cambian mis ciclos de sueño y la percepción que tengo de todo, en conjunto. Mi práctica de yoga es distinta; suceden posturas antes imposibles.
Me siento de nuevo un surfeador.