domingo, noviembre 26, 2006

downtempO






Domingo 26 de noviembre, 11.20. Tiempo de churro y de escuchar la estación de radio de música downtempo. Hace buen sonido de fondo. En algún momento puede hacer una pausa en mis actividades y retomar algún hilo musical. Hago tiempo a que haga la digestión mi desayuno de plátano y hojuelas de cereal industrial. Leche deslactosada light, por supuesto, para mantener bajos mis niveles de colesterol sanguíneo y la fluidez de mi intestino. Todo cambio que implique una mejora en la calidad de vida del cuerpo lo adopto. Hace mes y pocos días que dejé de incluir a la carne en mi dieta diaria. Eventualmente se aparece y tuve ansiedad por ella una tarde cuando corría viento frío (el viento abajense, podría llamarlo, que en esta época trae consigo al frío de las ondas polares del norte o a las polvaredas de tierra y cenizas del rastrojo en llamas). La práctica de mis asanas ha cambiado y hago mis pininos en otras. Me estoy más en obsevación incluso en los momentos de exaltación de los sentidos que tanto me gustan.

El pasado 20 de noviembre fue día de luna nueva y según los hortelanos, es el tiempo idóneo para transplantar plántulas del almácigo a la era. Ese día no tuve prejuicios o reparos en imaginar que ésta podría ser la tierra donde podría echar raíces una buena temporada. Esta mañana conozco más de la batalla que hubo ayer en el Centro Histórico de Oaxaca. Veo más fotos, me entero de más daños. Ahora que vaya en diciembre quiero ver cómo cambió la percepción de la gente al vivir bajo esa presión política. No quiero portarme y opinar como el amargo post-adolescente de sensiblería trasnochada que llora la mancillación de las calles de su ciudad de infancia. Cuando ocurre el colapso vaticinado o invocado en algunos de mis escritos, hay que aceptarlo. Siempré lo deseé en los bueyes de mi compadre. Esta vez se ha manifestado tambièn como el estallido de una bomba de gas lacrimógeno en el patio-jardín-garage de la casa de mis padres. Una buena parte de mis ahorros de cuando trabajé para loa judíos está invertida allá, en un par de casas que no se si vender ahora antes de que se devaluén más. No es lo mismo pensar en la paz cuando tu tierra natal está en guerra. Piensas distinto respecto a la rebelión cuando descubres que el poder el Estado, por no saber usarse, ha envenenado a quien lo detenta y a sus gobernados.

Tan pronto termine la digestión saldré en la bici por el periódico. El País en su edición dominical tiene un contenido que disfruto al cagar durante toda la semana. Hay que encargarlo con una semana de anticipación y pagar por adelantado en un puesto de periódicos que está a 4.5 km de la casa ¿No deseaba hace 3 años vivir en un pueblo?

Me hará bien pedalear y respirar el aire abajense, calmo a esta hora y un poco tibio. Pedalear me cambia el ritmo de la mente, supongo por el ejercicio aeróbico que acelera el movimiento de mi diagrafma. De regreso cocinaré pasta con salsa de tomates y verduras enlatadas. Veré una película. Pasaré en calma el domingo. Me ha hecho bien despertar y practicar nadi-shodana.

Roberto tuvo un excema epidérmico. Causas desconocidas pero se atribuye manifestación a reacción alérgica a la administración del factor de transferencia que produce ENCB-IPN, la escuela donde esudié la licenciatura, o a una infección en la garganta. No hay dinero para comprar unas ampolletas de un anthistamínico muy poderoso. Roberto observa. Yo me preocupo a ratos, pero como bien dice él, debió haberse comido un zoológico para enfrentar el karma con el que carga. Por ello me despreocupo para ocuparme de mi propia vida, de enfrentar a la sensación de aislamiento e incomunicación que a veces me embarga y de retar a mi intuición a que me conduzca a encontrar el remedio a mis males de la mente. Apuesto y encuentro. Anoche fui plantado por uno más de esos falsos nuevos amigos de ahora y que tan fácil es hallar por estas tierras. Me dejé llevar por la intuición para no volver solo a casa. Fui a Blouckbuster a rentar una peli que no necesitaba ver. Luego fui a la zona de comida de un centro comercial de medio pelo, el segundón en el pueblo y mi favorito, y me comí una torta de queso fundible y panela que no necesitaba comer. Ahí estaba, chico moreno de 23 años, sentado en una banca en espera de quien finalmente lo plantó. Terminé mi torta. Confirmé que no entraría al cine, que había sido plantado. Me acerqué y nos miramos. Luego jugamos al juego del gato y el ratón donde yo siempre juego la parte ratonil. Mas al caminar a la par fui yo quien le preguntó, en duro y en directo ¿A ti también te plantaron?

Lo invité a casa y aceptó. Le mostré la decoración, la de mi recámara incluso, donde cuelga una lona con la imagen del santo de mi devoción. Seguimos charlando y luego subimos a la recámara a ver Samsara, la película que había rentado. Echados en el futton, le pregunté ¿Eres gay? dijo que si, riéndose. Luego le pregunté ¿Quieres que apague la luz para que no se vea el reflejo de la lámpara en la pantalla? Dijo si y lo apagó y en una sola inhalación, se volteó hacia mi y me besó.

Es casi vecino. Le di un aventón a las 2 a.m. Cumplirá 23 años el próximo 22 de enero. Es un punto intermedio entre capricornio y tu signo. Eso es buena señal. Me sentí en confianza plena con él. No le mentí y no tuve que decirle nada de más. Me sentí claro explicando mi forma de vida, así, sin más. El manifestó, sutilmente, su temor a que fuera sólo una aventura para él, pero es lo bastante inteligente para no exigir palabras de amor la primera vez. Chico inteligente, alto, de huesos grandes, practicante de técnicas de danza contemporánea desde hace 4 años.

En mi cuerpo hay rastros de su olor y su saliva que se intensificarán después de mi paseo en bicicleta por el periódico y los tomates (y el vino, si, en un supermercado a 4.5 km venden Sendero de Concha y Toro, a 49 pesos). No citaré a otro amante hoy ¿Para qué bañarme hoy, aún faltando a otra norma del Ahstanga Yoga, si lo haría para tener mi cuerpo disponible para otro que quizá me dará menos de lo que ya tengo? ¿Por qué no probar la contención del sexo así como la de la carne en la dieta?

Es de buena suerte dejar entrar a los grillos a la casa, dejar que se paseen por ella. Uno baja del techo y en ocasiones se detiene a observarme, cuando se asegura que no tengo impulsos agresivos hacia él continúa con su paseo. Quizá le llama la atención el sonido del golpeteo de mis dedos en el teclado blanco. Quizá pueden ser muchas cosas o sólo una o ninguna. La verdad no importa.


Nota: Fotografía cortesía de Jose Luis Rosales

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