lunes, octubre 23, 2006
lengua
Los números del calendario pasan ante mis ojos. Hoy, como todas las mañanas, me asomo a ver los restos de la marea. Botellas de plástico arribaron con la espuma, cadáveres de medusas, esponjas y pulpos que suspiran por el otoño que nos atraviesa. Hace tres días que se fue el ultimo ciclón.
Embargado por la tisteza, recuerdo ese día cuando al mirar a la playa desde la ventana, vi las huellas de sus pies dirigirse a las aguas. Fue el último rastro que hallamos.
Hoy, como todos los demás días, espero que algún pescador venga a decirme que hallaron su cuerpo entre las redes. No me importará que lo arrojen de nuevo al mar. No sabrán que a su cadáver carcomido le hace falta la lengua que, cuando humedece mi piel, me muestra la luz de las luciérnagas de septiembre.
Los n¿ú C¿meros del calendario pasan ante mis ojos. Hoy, como todas‹ ‹las ma¿ñ 9¿anas de agosto, me asomo a ver los restos de la marea. Pecios‹ ‹arribaron con la espuma, cad¿á ¿veres de medusas, esponjas y pulpos que‹ ‹suspiran por el oto¿ñ 9¿o. Ning¿ú C¿n cicl¿ó ;¿n atraves¿ó ;¿ anoche la isla. Plena de‹ ‹tristeza, recuerdo ese d¿í 1¿a en que mir¿é )¿ por la ventana y escudri¿ñ 9¿¿é )¿ la‹ ‹arena. S¿ó ;¿lo hallaron las huellas de sus pies. Hoy, como cada amanecer‹ ‹de agosto, espero su cuerpo envuelto en redes, su rostro carcomido por‹ ‹la sal y la lengua que al humedecer mi piel, me mostrar¿á ¿ la luz de las‹ ‹luci¿é )¿rnagas en septiembre.
Raymundo Méndez Canseco (Oaxaca, 1969) reside en Irapuato, GTO, desde 2005. La piel del desierto es un libro de cuentos que le publicó la editorial Tierra Adentro en 1991. La tesis doctoral (2000) es una edición de autor, disponible bajo solicitud. Publica periódicamente en www.oaxaneiro.blogspot.com
Embargado por la tisteza, recuerdo ese día cuando al mirar a la playa desde la ventana, vi las huellas de sus pies dirigirse a las aguas. Fue el último rastro que hallamos.
Hoy, como todos los demás días, espero que algún pescador venga a decirme que hallaron su cuerpo entre las redes. No me importará que lo arrojen de nuevo al mar. No sabrán que a su cadáver carcomido le hace falta la lengua que, cuando humedece mi piel, me muestra la luz de las luciérnagas de septiembre.
Los n¿ú C¿meros del calendario pasan ante mis ojos. Hoy, como todas‹ ‹las ma¿ñ 9¿anas de agosto, me asomo a ver los restos de la marea. Pecios‹ ‹arribaron con la espuma, cad¿á ¿veres de medusas, esponjas y pulpos que‹ ‹suspiran por el oto¿ñ 9¿o. Ning¿ú C¿n cicl¿ó ;¿n atraves¿ó ;¿ anoche la isla. Plena de‹ ‹tristeza, recuerdo ese d¿í 1¿a en que mir¿é )¿ por la ventana y escudri¿ñ 9¿¿é )¿ la‹ ‹arena. S¿ó ;¿lo hallaron las huellas de sus pies. Hoy, como cada amanecer‹ ‹de agosto, espero su cuerpo envuelto en redes, su rostro carcomido por‹ ‹la sal y la lengua que al humedecer mi piel, me mostrar¿á ¿ la luz de las‹ ‹luci¿é )¿rnagas en septiembre.
Raymundo Méndez Canseco (Oaxaca, 1969) reside en Irapuato, GTO, desde 2005. La piel del desierto es un libro de cuentos que le publicó la editorial Tierra Adentro en 1991. La tesis doctoral (2000) es una edición de autor, disponible bajo solicitud. Publica periódicamente en www.oaxaneiro.blogspot.com
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Si me permites poner la ambientación:
Sugiero una playa de nuestro pacífico oaxaqueño...desde una casa apenas sostenida por carrizos y techo de palma, piso de tierra con el olor de las tortillas recién palmeadas sobre la leña, encendidas con ocote..
Buena lectura..se wele!..
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Sugiero una playa de nuestro pacífico oaxaqueño...desde una casa apenas sostenida por carrizos y techo de palma, piso de tierra con el olor de las tortillas recién palmeadas sobre la leña, encendidas con ocote..
Buena lectura..se wele!..
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