domingo, mayo 14, 2006
Keiko again

He descubierto vestigios de Keiko en mí. Los exploré ayer después de la última entrada a este blog. Descubrí que padecí de un segundo black out en menos de una semana. Un exceso de desesperación, tensión emocional, ocio de la sensibilidad ante tanto más de los mismo. Fue una tarde extraña. Un ángel carnal apareció y me mostró el estigma del trance perdido en mi memoria. Me tocó y abrió canales de energía que parecían bloqueados. Me dió de su carne y desapareció antes de que cayera la lluvia torrencial de Silao.
Durante el encuentro aparecieron los bordes de la piscina y el hambre de pescados puntuales del Síndrome de Keiko. El miedo a sentirme libre. Amanecí hoy aún con resabios sabatinos. En el yoga room expulsé a esos demonios y el caminar en las calles principales del pueblo disipó las últimas sombras.
El kiosco de Irapuato parece escondido entre los ficus domados del jardín. Ojalá y se tocara más música en él, a todas horas los sábados y domingos. Música viva distinta a esa música muerta, siempre la misma, que se escucha aquí en todas partes.