miércoles, mayo 10, 2006

Historia del peruano-2


Conocí a su madre días antes de que muriera. La madre judía, decía él. Una mujer indígena en sus indígenas, con el rostro de rasgos muy marcados. Quechuas, supuse. Venía de Lima a Ciudad de México a tratarse del cáncer en el hospital de Nutrición pues allá se habían agotado los recursos. La madre saludó desde la puerta de su recámara. Quería atenderme. El hijo la mandó a la cama de nuevo y ocasionalmente le preguntaba si requería algo. Estaba en quimioterapia.

Eso ocurrió en diciembre de 2003. No supe de él sino dos meses después. Vacacionó en Xico después del funeral y dijo que en una cascada había tenido ganas de arrojarse. Sus amigos se lo impidieron y volvió a México, a retomar el tren de vida de las fiestas, las orgías y la coca. Esto último se notaba. Después de un par de copas se exaltaba y se ponía fuera de sí cuando alguien no concordaba con sus opiniones. Iniciaba a deplorar a los mexicanos pero alabando a su clase alta. Luego se ponía del lado de los pobres. Podía pasar a una posición ideológica a otra y al final exponer la suya propia con un eclecticismo absurdo. Así era él, el peruano.

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