domingo, abril 23, 2006
Nostalgia por la Megalópolis





Extraño los paseos dominicales en bicicleta que hacía en Chapultepec, rodeando la ciclopista y ascendiendo hasta la tercera sección, donde está el restorán del lago. En primavera las jacarandas florecían y sus copas se reflejaban en el agua.
Extraño sus salas de chat, siempre saturadas de hombres deseosos. La lujuria allá nunca descansa. Es posible ingresar a un chat al amanecer y hallar posibilidades de aventura afterhours.
Las azoteas de Ciudad de México guardan secretos de familia que nadie quiere tener dentro de la casa. Son escenario de escarceos de amantes furtivos, de adolescentes que romplen las reglas y chelean o fuman mota a escondidas de los padres. Alojan los sueños de las muchachas dominicales de la Alameda y son también el último sitio a donde me refugiaba a contemplar la ciudad, lejos del ruido de mi cabeza o demasiado sumergido en ella.
La Tierra se encontró con las Líridas en la madrugada de ayer, antes de que amaneciera el sábado. Después de eso he amanecido con nostalgia. Extraño a mis fantasmas. No me mudé con ellos. Los abandoné allá asi como abandoné mis discos en vinilo o mi ropa vieja. Fue saludable. Los últimos meses allá esos fantasmas ya se estaban posesionando de cada nueva persona que conocía. Era imposible continuar con una vida así. Si yo ya era demasiado veneno para mi mismo, lo mejor era transterrarme.
La casa que habito es nueva. Soy el primer habitante ¿Con qué humores, con qué vibras la impregno? ¿Comienzo ya a adivinar quienes se irán y dejarán su fantasma cerca de mi? ¿Comienzo a estimar a esta nueva gente?
Comments:
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..."Extraño a mis fantasmas. No me mudé con ellos.." Bella frase... poética en verdad. Pero vacía... Si extrañas a tus fantasmas... es que aún los tienes presentes. Es bien raro, uno olvida caras, cosas y situaciones... hasta q alguna cara, cosa o situación revive, despierta o estimula el recuerdo. Uno es uno -vaya profundidad!- al fin. No importa el contexto, el clima... Raymundo es Raymundo en la Roma o en Irapuato... o en Oaxaca... que hace quizá, cosas diferentes, que come distinto, q interactúa con gente "nueva", que besa bocas y cuerpos diferentes... pero es el mismo Raymundo y -aquí viene la parte pesimista- a donde uno va, lleva y arrastra los mismos problemas.
Aja, como quien dice el que es perico donde quiera es verde... Me pasa en mi nuevo trabajo también.
Cuando tomamos una botella de vino... tengo ganas de olvidar.
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