domingo, abril 09, 2006
Los tres

Rais se quedó en Oaxaca, esperando el autobús que la llevaría a Chiapas. David, Juan Pablo y yo volvimos una tarde de domingo a Ciudad de México. A la altura de Puebla, nos confesamos que los tres habíamos tenido fantasías con Rais. David y Juan Pablo pensaron que ella erala mujer con la que podrían tener hijos. Yo estoy convencido de que lo peor que podría hacer en la vida es tener uno (soy bastante pesimista respecto al futuro del mundo, no podría condenar a un inocente a vivirlo en el futuro).
El mediodía de ese domingo, mientras tomábamos café en los portales del zócalo de Oaxaca, que en la próxima primavera vendría a México un ex-novio suyo, de mi edad y físicamente parecido a mí, y de quien ella pensaba era homosexual reprimido. Me propuso que los 3 fuéramos al desierto de Catorce. 'Quizá seas tu quien le ayude a explorar su lado homosexual. Yo estoy convencida ello'. Bajo la influencia del peyote se agitan los depósitos ubicados en el fondo de ese estanque de agua que es la conciencia cotidiana. Nunca lo exploramos. La última vez que la ví, en la primavera siguiente, estaba aún bastante eufórica por la experiencia que tuvo en el desierto de Catorce. Viajó sola, buscó el peyote y caminó en el desierto por cerca de cinco días. Dice que en la primera noche vio una fogata que atraía a los viajeros. El espíritu del fuego se le reveló y danzó con ella. El fuego entró y salió por sus ojos. La hizo suya. Al mirar tenía la mirada de los que acaban de recibir una revelación. Parecía aún bajo los efectos del peyote tras beber el mezcal. Yo creo que el mezcal reactiva conexiones neuronales que se establecen en las experiencies entéogenas.
Antes de irse nos mostró el tatuaje que resumía su experiencia mexicana. Se lo hizo en el antebrazo, con tinta de un solo color. Yo le mostré el mío: de tinta blanca en el brazo izquierdo, un numeral maya. Q´anil. El suyo era el sol.
