viernes, febrero 17, 2006

Friday, February 17th, Segundo día de diario abierto

Ayer pensaba que sería muy cómodo copiar notas escritas durante los meses pasados y pegarlas aquí, ahorrándome y exhibiendo lo que fue escrito para la intimidad. Pasó eso, el ejercicio de la autocensura, y que anoche llegué cansado a casa y no tuve ánimo de sentarme otra vez frente a una computadora. Eso deploro de no tener pantallas planas ni en el trabajo ni en casa. Creo que por estar expuesto a una pantalla de rayos catódicos todo el día, y con la mirada en un sitio cerrado, que mi calidad visual disminuye. Deberé volver a mis ejercicios de yoga para los ojos. Debo recuperar esa voluntad de tener de nuevo la agudeza visual que gané cuando, hace 4 años, me hicieron la cirugía que me curó la miopía.

¿Qué hay de la otra miopía? ¿De esa que me impide moverme con seguridad en la vida? ¿De ésa que uso como pretexto para justificar la mediocridad de mi vida? Tambièn se puede hacer trampa para superarla. Recuerdo los argumentos que justifican el estado actual de mi existencia y que funcionan como un mantra para aliviar mi espíritu autoflagelado: llevo una vida sin estrés urbano, sin miedo, sin mucho dinero pero con lo suficiente para estar cómodo, con los placeres mundanos más gratos a la mano; vivir bajo el cielo abierto del Bajío, la contemplación de las parvadas de pájaros de esta temporada, los remolinos, los cerros lejanos que continúan calcinándose bajo el sol, después de haber sido quemados por los pastores.

Por lo menos ya tengo la suficiente experiencia para no tirarme al suelo y tratarme como al trapeador. Pasen sobre mí. Me estoy riendo.

Comments:
puedo imaginar las parvadas de pajaros en el bajio, porque las he visto.. Felicidades! Sakino
 
Muchas veces el tedio, la desesperanza, la absurda idea que suceda algo nuevo en nuestras vidas, se convierten en el estado estable que anuncia la llegada de doña Chole (mi hermosa chole, aún la conservo en almívar o salmuera, o lo que es lo mismo, pa´lo que pida el cliente -este necio corazón que se acobarda por las sobredosis de nicotina, de desvelos, pero que anhela los tugurios arropados de niebla trasnochada-)

carlos
 
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