miércoles, febrero 22, 2006

De mi vida en Ciudad de Mexico: 4 de junio 2005

Junio 4. Carta a Horacio

Hace una semana inicié un periodo de recuperación, después de una fiebre intensa que me duró 2 días en Cuernavaca, la cual resistí a un alto precio: hace una semana que descanso, y con esta pausa ha venito el momento de contemplar mi vida y preguntarme qué es lo que quiero de ella, cuál es el camino en el que hallaré más gozo y oportunidad de encontrarme a mi mismo. Por que me está pasando eso, la revisión de los últimos 8 años de mi vida, después que decidí dejar mi carrera científica y volcarme a este mar que es la vida del hombre de la calle. Ahora después de estos años me encuentro con menos amigos que antes, con menos sueños pero curiosamente más cercano a mi cuerpo, y por ende, a mí. Carezco de una ansiedad por el status que me impulse hacer una carrera de éxito. Esa es la situación ahora: me busco momentos para escribir, quiero describir cómo es mi vida en este tramo tan extraño, en este impasse. Me siento flotar, nado 'de a pechito' por la vida, en un compás de espera. Quiero compartir mi vida con alguien, pero también quiero compartirla con muchos hombres. Ninguno es el absoluto y preciso de conocerlos a todos, pues cada uno satisface una arista más de mi personalidad esquizoide. Necesito del contacto de muchos hombres para satisfacer a todos los que est;an comprimidos en mí. Y me da mucho placer sentarme frente a la máquina de escribir otra vez, compilar mis sensaciones por escrito. Quero publicar y como no tengo ya la necesidad de publicar para ser reconocido, creo que comenzaré a publicar mis textos en alguna página blug. Creo que hay gente que se conoce a través de esta manera y tego curiosidad sobre la clase de personas que podría conocer a través de los escritos.

He conocido a más chicos. Mi noviazgo con el chico que hacía los aparadores de Mango terminó abruptamente por incompatibilidad de caracteres y aunque lo extraño un poco, sobre todo por las noches, sigo en mi camino de putería pescando hombres vía internet en la Ciudad de México. He conocido algunos chicos amables y jóvenes, de 21-24 años, con quienes me divierto horrores. Anoche vino a casa uno de ellos, bebimos mezcal y fumamos mota, bailamos y nos fajamos un rato delicioso. Se quedó y amanecimos calientes, más sexo, una ducha, y luego la luz del día nos congeló el entusiasmo de la noche. Cada quien desayunó por su parte, pero el se fue con un churro de regalo que le aliviane en la convalescencia de un estadio sicótico que lo tuvo encerrado en su casa por dos meses.

Mucha gente desempleada o subempleada. Qué tristeza. Que mundo de mierda. Me estoy sensibilizando de nuevo hacia los otros, hacia sus esfuerzos. El tendero de abajo, quien tiene mi edad y un par de hijos, todos sus días abre su tienda a las 7 de la mañana y la cierra a las 10. Me cae bien, es un hombre trabajador, un padre de familiar consevador, pues noto la distancia que impone en el trato y la forma en que se pone alerta cuando soy atentido por el mayor de los hijos, un chico de 16 años. Me gustaría verte un día por aquí compartiendo mi vida aunque fuera un fin de semana.

Besos,

Ray

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